Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
8. CARLOS MARX, EL UTOPISTA, Y ROSA LUXEMBURGO, LA PRÁCTICA
Declarando "utopía" la independencia de Polonia y repitiéndolo hasta causar náuseas, Rosa Luxemburgo exclama irónicamente: ¿por qué no exigir la independencia de Irlanda?
Evidentemente, la "práctica" Rosa Luxemburgo desconoce la actitud de C. Marx ante la independencia de Irlanda. Vale la pena detenerse en este punto para dar un ejemplo analítico de una reivindicación concreta de independencia nacional desde el punto de vista verdaderamente marxista y no oportunista.
Marx tenía la costumbre de "tantear", como él decía, a los socialistas que él conocía, comprobando su conciencia y su convicción. Cuando conoció a Lopatin, Marx escribió a Engels, el 5 de julio de 1870, un juicio halagüeño en alto grado para el joven socialista ruso, pero añadía:
"...El punto débil: Polonia. Sobre este punto Lopatin dice absolutamente lo mismo que un inglés -por ejemplo, un cartista inglés de la vieja escuela- sobre Irlanda".
Marx interroga a un socialista que pertenece a una nación opresora sobre su actitud respecto a una nación oprimida y descubre en el acto el defecto común a los socialistas de las naciones dominantes (inglesa y rusa): la incomprensión de su deber socialista respecto a las naciones oprimidas, el rumiar prejuicios tomados de la burguesía de la "gran potencia".
Antes de pasar a las declaraciones positivas de Marx sobre Irlanda, hay que hacer la salvedad de que Marx y Engels guardaban en general una actitud rigurosamente crítica frente a la cuestión nacional, apreciando su valor histórico relativo. Así, Engels, escribe a Marx el 23 de mayo de 1851 que el estudio de la historia le conduce a conclusiones pesimistas respecto a Polonia, que la importancia de Polonia es temporal, sólo hasta la revolución agraria en Rusia. El papel de los polacos en la historia es el de "tonterías atrevidas". "Ni por un momento puede suponerse que Polonia, incluso comparada con Rusia solamente, represente con éxito el progreso o tenga cierto valor histórico". En Rusia hay más elementos de civilización, de instrucción, de industria, de burguesía que en la "aletargada Polonia de los terratenientes nobles". "¡Qué significan Varsovia y Cracovia comparadas con Petersburgo, Moscú y Odesa!" Engels no cree en el éxito de las insurrecciones de la nobleza polaca.
Pero todas estas ideas, que tanto tienen de perspicacia genial, no impidieron en modo alguno el que Marx y Engels, doce años más tarde, cuando Rusia seguía aún aletargada y en cambio Polonia hervía, adoptaran la actitud de la más cálida y profunda simpatía por el movimiento polaco.
En 1864, al redactar el mensaje de la Internacional, Marx escribe a Engels (4 de noviembre de 1864) que es preciso luchar contra el nacionalismo de Mazzini. "Cuando en el mensaje se habla de política internacional, me refiero a países, no a nacionalidades, y denuncio a Rusia, y no a Estados de menor importancia", escribe Marx. Para Marx no ofrece dudas la subordinación de la cuestión nacional a la "cuestión obrera". Pero su teoría está tan lejos del propósito de pasar por alto los movimientos nacionales como el cielo de la tierra.
Llega el año 1866. Marx escribe a Engels sobre la "camarilla proudhoniana" de París que "declara que las nacionalidades son un absurdo y ataca a Bismarck y a Garibaldi. Como polémica contra el chovinismo, su táctica es útil y explicable. Pero cuando quienes creen en Proudhon (y entre ellos figuran dos buenos amigos míos de aquí, Lafargue y Longuet) piensan que toda Europa puede y debe permanecer quieta, tranquilamente sentada sobre el trasero, mientras en Francia los señores no supriman la miseria y la ignorancia... resultan ridículos" (carta del 7 de junio de 1866).
"Ayer -escribe Marx el 20 de junio de 1866- hubo en el Consejo de la Internacional un debate sobre la guerra actual... Como era de esperar, la discusión se concentró en torno al problema de las "nacionalidades" y a nuestra actitud ante, él... Los representantes de la "joven Francia" (no obreros) defendieron el punto de vista de que toda nacionalidad y la misma nación son prejuicios anticuados. Stirnerianismo proudhoniano... Todo el mundo debe esperar a que los franceses maduren para realizar la revolución social... Los ingleses se rieron mucho cuando yo comencé mi discurso diciendo que nuestro amigo Lafargue y otros, que han suprimido las nacionalidades, nos dirigían la palabra en francés, es decir, en una lengua incomprensible para las 9/10 partes de la reunión. Luego di a entender que Lafargue, sin darse él mismo cuenta de ello, entendía por negación de las nacionalidades, al parecer, su absorción por la ejemplar nación francesa".
Clara está la deducción que resulta de todas estas observaciones críticas de Marx: la clase obrera es la menos llamada a hacer un fetiche de la cuestión nacional, porque el desarrollo del capitalismo no despierta necesariamente a todas las naciones a una vida independiente. Pero, una vez surgidos los movimientos nacionales de masas, deshacerse de ellos, negarse a apoyar lo que en ellos hay de progresivo, significa caer, en realidad, bajo la influencia de prejuicios nacionalistas, es decir: considerar a "su propia" nación como "nación ejemplar" (o, añadiremos nosotros, como nación dotada del privilegio exclusivo de organizarse en Estado) 7.
Pero volvamos al problema de Irlanda. La posición de Marx en este problema la expresan, con especial claridad, los siguientes fragmentos de sus cartas: "He tratado de suscitar por todos los medios una manifestación de los obreros ingleses en favor del fenianismo. . . Antes yo consideraba imposible la separación de Irlanda de Inglaterra. Ahora la considero inevitable, aunque después de la separación se llegue a la federación". Esto es lo que decía Marx en una carta a Engels el 2 de noviembre de 1867.
Y en otra carta, del 30 de noviembre del mismo año, añadía: "¿Qué debemos aconsejar a los obreros ingleses? A mi juicio, deben hacer del Repeal (ruptura) de la unión" (de Irlanda con Inglaterra, es decir, de la separación de Irlanda de Inglaterra) "un punto de su programa; en breves palabras, la reivindicación de 1783, sólo que democratizada y adaptada a las condiciones actuales. Esta es la única forma legal de la emancipación de Irlanda y, por ello, la única forma que puede aceptarse en el programa de un partido inglés. La experiencia deberá mostrar más tarde si puede subsistir, por largo tiempo, una simple unión personal entre ambos países.
... Los irlandeses necesitan lo siguiente:
Concediendo enorme importancia al problema de Irlanda, Marx daba en la Unión Obrera alemana conferencias de hora y media sobre este tema (carta del 17 de diciembre de 1867).
En una carta del 20 de noviembre de 1868, Engels señala "el odio que existe entre los obreros ingleses contra los irlandeses", y cerca de un año más tarde (24 de octubre de 1869), volviendo a este tema, escribe:
"De Irlanda a Rusia il n'y a qu'un pas (no hay más que un paso)... Por el ejemplo de la historia irlandesa puede verse qué desgracia es para un pueblo el haber sojuzgado a otro. Todas las infamias inglesas tienen su origen en la esfera irlandesa. Todavía tengo que estudiar la época de Cromwell, pero de todos modos no me cabe duda alguna de que, también en Inglaterra, las cosas habrían tomado otro rumbo si no hubiera sido necesario dominar militarmente a Irlanda y crear una nueva aristocracia".
Señalemos de paso una carta de Marx a Engels del 18 de agosto de 1869:
"En Poznan, los obreros polacos han tenido una huelga victoriosa gracias a la ayuda de sus camaradas de Berlín. Esta lucha contra "el señor capital" -incluso en su forma inferior, en forma de huelgas- terminará con los prejuicios nacionales de un modo más serio que los recitales sobre la paz en boca de los señores burgueses".
Por lo que sigue, puede verse la política seguida por Marx en la Internacional, respecto al problema irlandés.
El 18 de noviembre de 1869, Marx escribe a Engels que ha pronunciado un discurso de una hora y cuarto, en el Consejo de la Internacional, sobre la actitud del gobierno británico respecto a la amnistía irlandesa, y que ha propuesto la resolución siguiente:
"Se resuelve que, en su respuesta a la exigencia irlandesa de poner en libertad a los patriotas irlandeses, el señor Gladstone ultraja deliberadamente a la nación irlandesa;
que Gladstone liga la amnistía política a condiciones igualmente humillantes, tanto para las víctimas de mal gobierno, como para el pueblo que ese gobierno representa;
que Gladstone, si bien obligado por su situación oficial, ha aplaudido pública y solemnemente la revuelta de los esclavistas americanos, y ahora, se pone a predicar al pueblo irlandés la doctrina de la sumisión pasiva;
que, en lo tocante a la amnistía irlandesa, toda su política es una auténtica manifestación de la "política de conquista" que desenmascaró el señor Gladstone, derribando de este modo el ministerio de sus adversarios, los tories;
que el Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores expresa su admiración ante la valentía, la firmeza y la elevación con que el pueblo irlandés desarrolla su campaña por la amnistía;
que esta resolución deberá ser comunicada a todas las secciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores y a todas las organizaciones obreras de Europa y América que estén relacionadas con ella".
El 10 de diciembre de 1869, Marx escribe que su informe sobre el problema irlandés en el Consejo de la Internacional tendrá la estructura siguiente:
"...Prescindiendo en absoluto de toda fraseología "internacionalista" y "humanitaria" sobre "justicia para Irlanda" -porque esto se sobreentiende en el Consejo de la Internacional-, el interés absoluto y directo de la clase obrera inglesa exige la ruptura de su actual unión con Irlanda. Estoy profundamente convencido de ello, basándome en motivos que, en parte, no puedo descubrir a los mismos obreros ingleses. Durante mucho tiempo pensé que podría derribarse el régimen irlandés por el ascenso de la clase obrera inglesa. He defendido siempre este punto de vista en el New York Daily Tribune (periódico norteamericano, con el que Marx colaboró mucho tiempo). Un estudio más profundo de la cuestión me ha persuadido de lo contrario. La clase obrera inglesa no podrá hacer nada, mientras no se desembarace de Irlanda.. . La reacción inglesa, en Inglaterra, tiene sus raíces en la esclavización de Irlanda" (subrayado por Marx).
Ahora verá el lector, bien claramente, cuál era la política de Marx respecto al problema irlandés.
El "utopista" Marx es tan "poco práctico" que es partidario de la separación de Irlanda, separación que, medio siglo más tarde, no se ha realizado aún.
¿A qué se debe esta política de Marx? ¿No fue, acaso, un error?
Al principio, Marx creía que a Irlanda la liberaría no el movimiento nacional de la nación oprimida, sino el movimiento obrero de la nación opresora. Marx, sabiendo que sólo la victoria de la clase obrera podrá traer la liberación completa de todas las nacionalidades, no hace de los movimientos nacionales algo absoluto. Es imposible calcular de antemano todas las correlaciones que puedan establecerse entre los movimientos burgueses de liberación en las naciones oprimidas y el movimiento proletario de liberación en la nación opresora (precisamente éste es el problema que hace tan difícil la cuestión nacional en la Rusia contemporánea).
Pero se ha creado una situación tal, que la clase obrera inglesa ha caldo por un período bastante largo bajo la influencia de los liberales, yendo a la zaga de los mismos, decapitándose ella misma con una política obrera liberal. El movimiento burgués de liberación en Irlanda se ha acentuado y ha adquirido formas revolucionarias. Marx revisa su opinión y la corrige. "Qué desgracia es para un pueblo el haber sojuzgado a otro". La clase obrera de Inglaterra no podrá liberarse, mientras Irlanda no se libere del yugo inglés. La esclavización de Irlanda fortalece y nutre a la reacción en Inglaterra (¡igual como nutre a la reacción en Rusia la esclavización de una serie de naciones!). Y Marx, al hacer aprobar en la Internacional una resolución de simpatía hacia "la nación irlandesa", hacia "el pueblo irlandés" (¡el inteligente L. Vl. haría, seguramente, trizas al pobre Marx por haber olvidado la lucha de clases!), propugna la separación de Irlanda de Inglaterra, "aunque después de la separación se llegue a la federación".
¿Cuáles son las premisas teóricas de esta conclusión de Marx? En Inglaterra, hace ya mucho tiempo que, en general, está terminada la revolución burguesa. Pero no está terminada en Irlanda: la están terminando ahora, medio siglo después, las reformas de los liberales ingleses. Si el capitalismo hubiese sido derribado en Inglaterra con la rapidez que esperaba Marx al principio, no habría lugar en Irlanda para un movimiento democrático-burgués, del conjunto de la nación. Pero puesto que ha surgido, Marx aconseja a los obreros ingleses que lo apoyen, que le impriman un impulso revolucionario, que lo lleven a término en interés de su propia libertad. En la década del 60 del siglo pasado, las relaciones económicas entre Irlanda e Inglaterra eran, desde luego, más estrechas aún que las relaciones entre Rusia y Polonia, Ucrania, etc. Saltaba a la vista que la separación de Irlanda era "poco práctica", "irrealizable" (aunque sólo fuera por su situación geográfica y por el inmenso poderío colonial de Inglaterra). Siendo en principio enemigo del federalismo, Marx admite, en este caso, incluso la federación 8 con tal de que la liberación de Irlanda no se haga por vía reformista, sino revolucionaria, por el movimiento de las masas del pueblo en Irlanda, apoyado por la clase obrera de Inglaterra. No puede caber duda alguna de que sólo una tal solución a este problema histórico habría sido la más favorable a los intereses del proletariado y a un rápido desarrollo social.
Pero las cosas sucedieron de otro modo. Tanto el pueblo irlandés como el proletariado inglés han resultado ser débiles. Sólo ahora, por míseras componendas entre los liberales ingleses y la burguesía irlandesa, se resuelve (el ejemplo de Ulster demuestra con cuánta dificultad) el problema irlandés con una reforma agraria (con rescate) y la autonomía (todavía no implantada). ¿Y qué? ¿Se debe acaso deducir de esto que Marx y Engels eran "utopistas", que presentaban reivindicaciones nacionales "irrealizables", que cedían a la influencia de los nacionalistas irlandeses, pequeños burgueses (es indudable el carácter pequeñoburgués del movimiento de los "fenianos"), etc.?
No. Marx y Engels propugnaron, también en la cuestión irlandesa, una política consecuentemente proletaria, una política que educara verdaderamente a las masas en el espíritu de la democracia y del socialismo. Sólo esta política podía salvar, tanto a Irlanda como a Inglaterra, de diferir por medio siglo las transformaciones necesarias y de que los liberales las desfigurasen en beneficio de la reacción.
La política de Marx y Engels en el problema irlandés constituye un magnífico ejemplo de la actitud que debe guardar el proletariado de las naciones opresoras ante los movimientos nacionales, y este ejemplo ha conservado, hasta hoy día, un valor práctico enorme; esta política es una advertencia contra la "precipitación lacayuna" con que los filisteos de todos los países, lenguas y colores se apresuran a declarar "utópica" la modificación de las fronteras de los Estados creados por las violencias y los privilegios de los terratenientes y de la burguesía de una nación.
Si el proletariado de Irlanda y el de Inglaterra no hubieran adoptado la política de Marx, si no hubieran hecho suya la consigna de separación de Irlanda, ello habría sido el más empedernido oportunismo por su parte, habría significado un olvido de las misiones de un demócrata y de un socialista, una concesión a la reacción y a la burguesía inglesas.
(7) Compárese, además, la carta de Marx a Engels del 3 de junio de 1867: "... Por las crónicas de París del Times me he enterado
con verdadera satisfacción de las exclamaciones polonófilas de los parisinos contra Rusia... El señor Proudhon y su minúscula
camarilla doctrinarla no son el pueblo francés".
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(8) No es difícil ver, dicho sea de paso, por qué, desde el punto de vista socialdemócrata, no puede entenderse por derecho a
"la autodeterminación" de las naciones ni la federación ni la autonomía (aunque, hablando en forma abstracta, la una y la otra
encuadran en el término "autodeterminación"). El derecho a la federación es, en general, un absurdo, ya que la federación es
un contrato bilateral. Ni que decir tiene que en modo alguno pueden los marxistas incluir en su programa la defensa del
federalismo en general. En lo que respecta a la autonomía, los marxistas no defienden "el derecho a" la autonomía, sino la
autonomía misma, como principio general y universal de un Estado democrático de composición nacional heterogéneo, con
marcadas diferencias en las condiciones geográficas y en las de otro tipo. Por eso, reconocer "el derecho de las naciones a la
autonomía" seria tan absurdo, como reconocer "el derecho de las naciones a la federación".
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